Firmá una imagen para abrir el banco.
En año y medio la IA produjo tantas imágenes como la fotografía en siglo y medio, y las caras que genera ya se perciben como más reales que las auténticas. Por eso el consenso de los forenses cambió: hay que verificar la fuente, no la imagen.
Stegora pone la fuente adentro de la imagen —quién la subió y cuándo— y la lee después en cualquier copia que aparezca.
Revisar no pide contraseña.
La misma imagen, cuatro veces
El código se repite a propósito: es el mismo en los cuatro casos.
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Cuenta 4471, el 22 de agosto a las 10:38 p. m. El código queda adentro de la imagen, no en los datos que la acompañan.
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Quedó menos de la quinta parte. Mismo código: salió de esa subida y de ninguna otra.
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WhatsApp la achica, la vuelve a comprimir y le borra los datos que trae adjuntos. Mismo código.
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La marca no coincide en 62 de 736 cuadritos, y 59 de ellos están juntos. Es la misma imagen, pero editada después.
Por qué ahora
Falsificar imágenes es tan viejo como la fotografía: Stalin borraba gente de las fotos con un equipo de retocadores. Lo nuevo es que hoy lo hace cualquiera, gratis, en segundos y a escala planetaria — y que el resultado ya no se distingue mirándolo.
El estándar que hoy se usa para cumplir esas normas —C2PA, las Content Credentials— guarda la procedencia en los metadatos. Y los metadatos no sobreviven a una recompresión ni a un reenvío por WhatsApp. Ahí es donde entra Stegora: la marca va en los píxeles.
El problema
Los registros internos se discuten. Están en tus servidores, los escribe tu propio sistema y se pueden modificar; la otra parte lo sabe y por eso los pone en duda. La imagen que ya anda dando vueltas afuera, en cambio, no la controla nadie — y si lleva la marca adentro, sigue diciendo de dónde salió.
Hoy lo que se hace es buscar a mano, caso por caso. Casi nunca se llega a algo, y la responsabilidad le termina quedando a la plataforma.
En qué se diferencia
Hay herramientas que miran una imagen y tratan de calcular si fue manipulada. Eso es adivinar, y a veces se equivocan en las dos direcciones: dan por falso lo verdadero y al revés. Nosotros hacemos otra cosa: le ponemos la marca cuando entra, y después la leemos. No hay nada que calcular, así que no hay en qué equivocarse.
Probalo
Funciona acá mismo, con el motor real. Subí una foto tuya, elegí a nombre de quién la marcás y descargala. Después pasala por los daños de la pestaña Pruebas y mirá cómo el código sigue saliendo. Cada número que ves lo calcula el sistema en ese momento.
Firmá una imagen para abrir el banco.
Para qué sirve
Se filtró material confidencial y la investigación nunca llega a nada.
Cada persona que descarga un archivo se lleva una copia con su propio código adentro. Si después ese archivo aparece afuera, sabés de quién salió.
Medios · productoras · farmacéuticas
Te llega un reclamo legal por algo que alguien subió, y no podés probar quién ni cuándo.
Todo lo que sube un usuario queda marcado con su código y la fecha, adentro del archivo. Los registros internos se discuten; el archivo que ya está afuera, no.
Tiendas en línea · clasificados · plataformas de video y de contenido de usuarios
Saber si a una foto le retocaron algo después de haberse tomado.
El sistema divide la imagen en cuadritos y señala exactamente en cuáles la marca dejó de coincidir. No te dice «parece editada»: te muestra el pedazo.
Aseguradoras · peritajes · auditoría · notarías
Para quién es
Adentro de la empresa esto lo pide el área legal, no la de tecnología: el problema que resuelve es de riesgo, no de producto. Lo que hay que mirar es qué porcentaje de las imágenes que pasan por la plataforma quedan marcadas — si no son todas, el agujero sigue ahí.
Del otro lado está quien recibe una imagen y quiere saber de dónde salió. Para esa persona ya hay algo funcionando: puede revisarla acá, sin cuenta y sin contraseña.